Brinda a los participantes los conocimientos, herramientas y metodologías necesarias para identificar, prevenir y gestionar intencionalidades maliciosas que puedan afectar la inocuidad, seguridad y confianza en los alimentos a lo largo de la cadena de suministro, de acuerdo con los lineamientos internacionales y normativas vigentes.
Responsables de calidad e inocuidad alimentaria en empresas de la industria de alimentos.
Supervisores, jefes y gerentes de producción, mantenimiento y logística, vinculados con la seguridad de procesos y productos.
Integrantes de equipos HACCP, Food Safety, VACCP y TACCP que requieran ampliar sus competencias en defensa alimentaria.
Consultores, auditores internos y externos que trabajen en implementación o verificación de sistemas de gestión de inocuidad y seguridad alimentaria.
Autoridades regulatorias, estudiantes avanzados y docentes relacionados con la calidad, seguridad alimentaria y gestión de riesgos.
Los participantes adquieren herramientas para identificar amenazas y elaborar un plan real de defensa alimentaria.
Cumplimiento normativo y de certificaciones: facilita la adecuación a los requisitos de GFSI, BRCGS, FSSC 22000, IFS y a normativas internacionales (ej. FSMA – FDA).
Protección de la marca y reputación empresarial: disminuye el riesgo de incidentes intencionales que afecten la confianza del consumidor.
Reducción de vulnerabilidades en la cadena de suministro alimentaria, mediante la implementación de controles preventivos y planes efectivos.
Fortalecimiento de la cultura organizacional: promueve la responsabilidad y la participación activa de todo el personal en la seguridad de los alimentos.
Mejora de la gestión de crisis: prepara a la empresa para responder rápida y eficazmente frente a incidentes intencionales.
Ventaja competitiva en el mercado: contar con un plan de defensa alimentaria implementado aumenta la confianza de clientes, auditores y organismos de control.
Protección de la salud pública: contribuye a garantizar que los alimentos lleguen seguros a los consumidores.
Cumplimiento normativo y de certificaciones: facilita la adecuación a los requisitos de GFSI, BRCGS, FSSC 22000, IFS y a normativas internacionales (ej. FSMA – FDA).
Protección de la marca y reputación empresarial: disminuye el riesgo de incidentes intencionales que afecten la confianza del consumidor.
Reducción de vulnerabilidades en la cadena de suministro alimentaria, mediante la implementación de controles preventivos y planes efectivos.
Fortalecimiento de la cultura organizacional: promueve la responsabilidad y la participación activa de todo el personal en la seguridad de los alimentos.
Mejora de la gestión de crisis: prepara a la empresa para responder rápida y eficazmente frente a incidentes intencionales.
Ventaja competitiva en el mercado: contar con un plan de defensa alimentaria implementado aumenta la confianza de clientes, auditores y organismos de control.
Protección de la salud pública: contribuye a garantizar que los alimentos lleguen seguros a los consumidores.